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por Antonio de Miguel Antón - 28-04-12 14:10 - 0 comentarios

Prisioneros de mente

El mundo es la prisión

    Anoche me quedaba dormido leyendo un razonamiento sufí. Os lo pongo aquí: “El mundo es una prisión y nosotros somos los prisioneros, ¡haz un boquete en el muro de la prisión y sal de ella!”. Es de Jalal al-Din Rumi, poeta místico y discípulo sufí.
    
    La reflexión me parece muy interesante y muy actual. Me encuentro todos los días con gente que es prisionera de mente, porque no tienen memoria alguna de la existencia de un mundo exterior fuera de su prisión. Tienen vocación de súbditos y una tendencia a ser siervo y subordinado. Piensan y actúan en base a ello. Tragan con ciertas cosas que solo alguien preso de mente puede vivir en esa predisposición tan servil. Viven en una prisión de silencio, de miedo y de ideas que les impide pensar en cómo escapar de esa cárcel. Ya no conocen otra vida que su vida en prisión y se han adaptado a ella como su estilo de vida.
    
    Viven por conveniencias y para no perder sus privilegios presidiarios que les atribuyen sus carceleros, más horas de patio, menos responsabilidades penitenciarias, mejor remuneración, más libertad y tiempo libre dentro de la prisión. Son rehenes de mente.
    
    En muchas ocasiones, pretenden decirte cuál es tu deber como preso y cómo has de cumplirlo y se enfadan contigo y te tachan de malo y desobediente sino te acoges al reglamento carcelario de obligado cumplimiento. ¡Qué ignorancia! ¡Qué mediocridad! ¡Qué sumisión!
    
    Queridas personas presas: tener pensamientos de amargura, pensamientos de maldad, es como hacer el mal; y hablar del mal también es como hacer el mal. Cuando una persona piensa en una mala acción, es como si esta fuera concretada. Zaratustra distinguió tres clases de pecados: el pecado del pensamiento, el pecado del discurso y el pecado de la acción. ¿Cómo pecáis vosotras?
    
    Lo peor de todo es que, muchas veces, consiguen que muchos otros presos pasen por el aro de sus conveniencias y principios ortodoxos y se conviertan en jueces de unos valores de los que muchas veces carecen.
    
    A mí me da que hemos caído en la resignación y no somos capaces de vivir fuera de esa disciplina carcelaria. Nos acoplamos a ese estilo de vida, es lo más conveniente, aunque creo que esas conveniencias consumen altas cargas de dignidad humana.
    
    Y encima esas personas pretenden decirte lo que debes hacer; ellas, que viven más por conveniencias que por convicciones; ellas, que viven con miedo y que no dicen lo que sienten por temor a que pueda tener consecuencias y haya represalias. ¡Súuuuuuu no digas eso! ¡Ten cuidado con lo que dices y a quien se lo dices! ¡Te vas a meter en un lio! Ni entre ellas pueden vivir en libertad. ¡Qué prisión!
    
    Decía una persona que conoce y pone en práctica la filosofía sufí que “lo único que me concierne es lo que debo hacer, no lo que la gente crea que debo hacer”. En una ocasión, esta misma persona, nos acercó un postulado fruto de la cual nace esta reflexión que hoy he querido compartir con vosotros y que os dejo por aquí. Tal vez, poniéndola en práctica, os permita salir de esa vocación de súbdito y de tragar con todo en la que vivís.
    
    “Lo único que me concierne es lo que debo hacer, no lo que la gente crea que debo hacer. En esta máxima, tan difícil en la vida práctica como en la intelectual, reside la entera distinción entre grandeza y mediocridad. Es la más ardua porque siempre encontrarás a aquellos que creen saber mejor que tú en qué consiste tu deber. Es fácil vivir en el mundo siguiendo los dictados del mundo; es fácil vivir en soledad según nuestros propios dictados; pero el gran hombre es aquel que, en medio de la multitud, mantiene con impecable dulzura la independencia de la soledad”.
    
    Es cita de R.W. Emerson.
    
    http://laverdadcongeladaa.blogspot.com.es/
    

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