“El otro mundo” de Hilario J. Rodríguez. Ediciones del Viento, La Coruña, 2009. Reseña de Ángeles Prieto Barba. Es muy posible que el título de esta novela, ese “otro mundo” de los artículos descriptivos que sobre Nueva York escribiera Julio Camba, pudiera confundir a aquellos lectores que busquen un libro viajero sobre españoles en los Estados Unidos, cuando ni siquiera el autor y protagonista podría aclararnos de dónde viene o adónde va, con sus distintos periplos por Cáceres, Guadalajara, Atlantic City, Chicago, Los Ángeles y Nueva York, todos ellos presentes en el volumen. Porque, en primer lugar, no estamos ante un sólido libro de respuestas claras, sino de interrogantes con desasosiego, y además, las preguntas formuladas en él están dirigidas más bien al qué somos, una identidad del ser que puede interesar mucho al lector sólo si consigue empatizar con este protagonista nada heroico ni simpático, aunque sí honesto y enfrentado a la realidad. Un autor personaje que se busca sin encontrarse en su multiplicidad como escritor, buscando anclajes en otros sin conseguirlo, y cuyo retrato más fiel lo podemos encontrar en el capítulo treinta y tres, cuando corre, extrañado y sin aliento, ante tres chicos por creer que lo persiguen, cuando sólo escapa de sí mismo. Frente a los conflictos, la huida como salida en un retrato nada complaciente. Pese a estar muy bien escrito, no se trata tampoco de un libro lírico sobre partidas, regresos y aprendizajes varios en una lectura simple, pues corre demasiada sangre por él, caliente y roja. Y es que nadie, ni siquiera dios o el diablo que tan bien lograron soportarse en su día, nos podrían aclarar ahora porqué las barquitas de nuestras relaciones sólidas terminan convirtiéndose a veces en durísimas galeras, difíciles de mantener a flote. Pues la realidad, mucho más increíble que la ficción, es también más fea cuando las personas se desenamoran, pueden morir como Jesús o simplemente explotan, marcando el punto de retorno, la hora de la partida. Como señalaba antes, el protagonista es honesto pero con reservas, pues no escribe para deslumbrarnos por su sapiencia sino para explicarnos hasta qué punto pueden confundirse realidad y ficción cuando nos rebelamos y queremos transformar lo sinsabores que nos vienen dados. Por ello, el autor fabula constantemente y juega con el lector echando mano de pequeños guiños o historias falsas, que, por su inverosimilitud o ingenuidad, pueden ser descubiertas por los más avezados pues nos encontramos ante un libro aparentemente sencillo, pero con distintos niveles de lectura, según lo que pretendas encontrar en él. Un aparente retrato en sepia que se libra de la amargura iluminado por una estela de luz hacia la dicha, en el libro alcanzada por esa pelea incansable que el escritor siempre intenta para habitar, aceptado y bendecido, en cerebro ajeno, la única felicidad que podemos obtener en esta vida y que podemos vislumbrar claramente conseguida en el cariño del maduro niño Samuel, su hijo. Pues sólo a través de él comprobaremos cómo en la dura urbe, en esa ciudad donde se duerme mal o se duerme aún menos ahora con sus torres derribadas, siempre podemos encontrar a un temeroso, dubitativo y vulnerable Spiderman, como este protagonista, que sólo gracias y ante los ojos de Samuel vence y sale airoso. No poca enseñanza es ésta. Lección que a mí me sobra para recomendaros leer este libro. La obra: Hubo un tiempo en que todo iba veloz y la radio del coche estaba encendida. Conducíamos de noche con las ventanillas bajadas, tarareando juntos aquellas canciones, yo siempre a destiempo, sin llevar el compás, pero nada parecía importarnos demasiado, sólo la velocidad, el viento, las carreteras desiertas, la música... Hasta que un día nos adentramos en un túnel. Era interminable. Intentamos salir de él porque de pronto nos sacudió el miedo. Teníamos un hijo, dinero, comodidad, y ya nada nos divertía. Fue entonces cuando decidimos probar suerte en Ámerica. Y ésta es la historia de lo que sucedió allí, de cómo un negro sudanés regresó del pasado y su historia se mezcló con la de W. G. Sebald, de camisas olvidadas y buzones llenos de cartas para un destinatario desconocido, de un escritor que intenta comenzar su nueva novela pero no puede porque la realidad, a su alrededor, está rebelándose contra él y contra la ficción... El autor: Hilario J. Rodríguez ha dado clases de lengua y literatura en España, República de Irlanda, Gran Bretaña y Estados Unidos. Se encarga de la sección de cine de Revista de Occidente; colabora habitualmente con Abc, La Vanguardia, Clarín, Rockdelux e Imágenes de actualidad; y es asesor y programador de varios festivales de cine. Ha escrito estudios sobre géneros, películas y cineastas, como Lars von Trier: El cine sin dogmas (JC, 2003) o El cine bélico (Paidós, 2006). Es autor asimismo de la novela Construyendo Babel (Tropismos, 2004) y de la fuga literaria Mapa mudo (Traspiés, 2009).
|