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por Redacción - 09-11-09 23:25 - 0 comentarios

La máquina de languidecer

De Ángel Olgoso

    Reseña de Ángeles Prieto Barba.
    
     Quizá, la primera máxima de la espléndida literatura japonesa sea ésta: No escribas a menos que, lo que tengas que decir, sea más hermoso que el silencio.
    
    Porque, si nos preguntáramos en serio qué hay más hermoso que el silencio nos sobrarían dedos para enumerar tal vez a la honestidad, la bondad y el amor, eso cuando extrañamente aparecen juntos y poco más.
    
     Pero como sé bien qué es y qué peso ostenta ya el microrrelato en la historia de la literatura española (consulten por favor Soplando vidrio de Fernando Valls) y asimismo quién es Ángel Olgoso (indispensable la lectura de Los demonios del lugar), abro esta máquina con expectación y emociones que no resultaron defraudadas, algo más hermoso que el silencio es lo que esconde para el lector cada una de sus páginas.
    
     Aún más, la cuidadosa elección del título responde a un ciclo vital del narrador, aunque también fundamental para aquellos que se convertirán en sus mejores lectores, todos los que pertenezcan ya a esa larga y complicada década de los cuarenta en la que tantos trastornos nos sobrevienen antes de asumir, definitivamente, la mesa camilla, la decadencia, el televisor y la muerte.
    
    Pues en dicho tránsito, quizá cambiamos de hogar (El lobo viejo de las desgracias), o rompemos de forma brutal el refugio que habíamos construido (El proyecto), nos asentamos en nuestras costumbres y renunciamos a la aventura (Ulises), tal vez descubrimos al fin nuestras propias limitaciones (La pesca), empezamos a pensar ya en serio sobre la muerte (El golpe maestro del leñador mágico, Océanos de ceniza), descubrimos que el amor perfecto es imposible (La bella durmiente) o irrecuperable (Bramador de viento), soportamos a los vecinos (Pueblo chico, infierno grande), o a la familia ruidosa (Hispania I), aprendemos a amar a los hijos (Perspectiva) o sentimos intensamente los últimos vestigios de los deseos más sensuales e inconfesables (Juicio, Lamelibranquios).
    
     Y no voy a seguir para no cansar, tampoco para restar ni un ápice de emoción desbordada al lector que se acerque a este libro buscando respuestas, libro que puede y debe leerse degustándolo al azar, como una especie de Sortes Virgiliae, bálsamo consolador para esta difícil etapa de la existencia cuyos ingredientes exquisitos detallo a continuación: un vocabulario extenso y poderoso, que nos devuelve toda la magia de cuando descubrimos, asombrados, el boom latinoamericano o la Generación del 27, la ausencia total de lugares comunes o gastados, guiños reprocesados a nuestras lecturas más felices (el tesoro de Troya, las dos puertas de Ubar) y una decidida, cuidada vocación por el rigor, el respeto y la armonía en el lenguaje proveniente de una acendrada cultura. También, y no menos importante, el riesgo aquí demostrado en cada uno de estos relatos abocados a lo fantástico, siempre nuevos, siempre originales.
    
     Cada historia, única.
    
     De la ya mítica antología Pequeñas Resistencias que para la historia del cuento español publicara Páginas de Espuma, tan sólo tres autores jóvenes osaron cambiar las magníficas fotografías allí recogidas de la realidad y apostaron por la fabulación, por mirar sobre y bajo la superficie, mucho más allá del día a día: Ángel Olgoso, Carmela Greciet y Félix J. Palma, abocados a ese género fantástico del que ya podemos afirmar que se ha creado escuela (Perturbaciones).
    
    Y para terminar esta reseña, permítanme que a estas alturas denomine al señor Olgoso, ya con propiedad y todas las consecuencias, como el primer maestro literario que debe exportar España en el género fantástico y breve, tras valorar a conciencia este libro, mucho más hermoso que el silencio, que no debe dejar de leerse.
    
    El autor.
    
    Ángel Olgoso
    
    Cúllar Vega, Granada, 1961. Es escritor de relatos fantásticos.
    
    Tras estudiar Filología Hispánica en la Universidad de Granada, publicó su primer libro de relatos Los días subterráneos en 1991. Después siguieron La hélice en los zargazos, Nubes de piedra, Granada, año 2039 y otros relatos, Cuentos de otro mundo, El vuelo del pájaro elefante, Los demonios del lugar (Libro del Año 2007 según La Clave y Literaturas.com, premio internacional de Terror Villa de Aracena y finalista del Premio Andalucía de la Crítica), Astrolabio y La máquina de languidecer.
    
    Su trayectoria viene avalada por la inclusión de sus relatos en una veintena de antologías sobre el cuento y por más de treinta premios, entre los que destacan el de la Feria del Libro de Almería, el “Gruta de las Maravillas” de la Fundación Juan Ramón Jiménez, el Caja España de Libros de Cuentos y el Clarín de relatos convocado por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.
    
    
    
    

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