El ambiente es muy fashion, de verdad. Lo repito una y otra vez, pese a que no sé lo que significa. Hay gente muy importante: presentadores de televisión, famosos de los que salen en las revistas del corazón, cantantes... Aunque en el grupo en el que me encuentro no hay nadie conocido. Oigo a alguien preguntar: ¿A favor de qué o quién es esta fiesta benéfica? Ni puta idea, le responden. Es verdad, añade otro, ¿qué es lo que estamos apoyando? Lo digo en serio, tenemos que saber qué es lo que se defiende esta noche, por si nos preguntan los de la tele. Pues léete el programa si tanto te preocupa. Joder, es que vosotros pasáis de todo. Mira, ¿por qué no sales a que te dé el aire? ¿Qué es lo que te preocupa? Si alguien te pregunta, sé ambiguo. ¿No sabes acaso ser ambiguo? Es fácil, dices que es muy importante para ti estar aquí, que siempre estuviste muy comprometido con esta causa, y cosas así, ¿entiendes? Sin concretar, bla, bla, bla. ¿Pero qué causa? Y dale. No te preocupes, de todas formas a ti nadie te va a preguntar nada. ¿Por qué dices eso? Entonces, antes de que me pueda responder, se acerca a nuestro grupo un hombre muy flaco que parece estar exageradamente excitado. Grita que ha venido Nosequién, debe ser alguien muy famoso porque todos parecen volverse locos y giran la cabeza de un lado a otro buscándolo. ¡Allí está! Sí, sí, ya lo veo, parece más gordo, ¿no? Yo no consigo ver nada y me limito a gritar que es muy fashion. Unos focos corren de un lado a otro de la sala, entre la gente amontonada, como luciérnagas gigantes. Me subo a una silla para poder ver de quién se trata y, aunque está un poco lejos, compruebo que es un actor muy conocido de quien no recuerdo su nombre ahora. ¿Qué es lo que pasa? Yo voy a por otra copa, parece que los camareros están en huelga. ¿Quién es el que ha entrado? Es un actor, digo, pero no recuerdo su nombre ahora, hace una serie muy buena. Las luces se mueven y corren hacia otro lado. Alguien me toca la pierna. Miro hacia abajo. Haga el favor de bajar de mi silla. Claro, claro, disculpe. Decido ir también al bar; la verdad es que necesito beber algo, tengo la impresión de que estoy algo fuera de lugar, y lo mejor en estos casos es beber hasta coger el punto. Whisky con hielo. Nuestra presencia aquí es importante, dice alguien a mi lado. ¿Te das cuenta? Sólo con estar aquí, pasándolo bien incluso, estamos ayudando a una buena causa. Disculpen, digo, ¿saben ustedes qué es lo que estamos apoyando esta noche? Perplejidad en sus ojos. ¿No lo sabe? Es algo de los niños, dice el otro, para que no los violen y eso. No, es para que no los utilicen como soldados en las guerras. Bueno, será un poco de todo, es para proteger a la infancia en general, es una buena causa, de las mejores ¿no cree? Sí, desde luego, puestos a elegir una causa, ésa sería de las mejores. Pasado mañana hay una cena a favor de una sociedad que recauda fondos contra no sé qué enfermedad, y admito que no sé si iré, no me gustan las enfermedades, vas a un sitio de ésos y tu nombre ya queda asociado al de esa enfermedad, ¿sabes? No, de ninguna manera, prefiero las ONGs, ahora lo mejor es apoyar a una ONG y rezar para que te entrevisten. Doy las gracias y me voy con mi vaso a otra parte. A veces me cruzo con alguien que me sonríe o me pregunta ¿qué tal?, sin esperar respuesta, y yo digo que todo es muy fashion. El ambiente está muy cargado, lleno de humo. Me detengo para respirar, sólo eso, respirar, en un rincón, y los murmullos vienen hacia mí como dardos. Creo que he visto a alguien con un traje idéntico al mío, ¿lo puedes creer?, es horrible, horrible, tengo ganas de llorar y todo. Miro a mi alrededor. Veo a una mujer parecida a un sonajero, toda ella despide reflejos cegadores, y camina con los brazos en alto y con una sonrisa perenne, como dispuesta a saludar a alguien. Es la tercera vez que la veo pasar en la misma actitud. Empiezo a preguntarme qué hago yo aquí. ¿Es esto fashion? Nadie parece saber a qué ha venido. Están detrás, le dice un hombre a otro. ¿Estás seguro? Te lo juro, están ahí detrás entrevistando a todo el que pasa. Recuerda, haz como si no los vieras y, cuando se acerquen, intenta mostrar disgusto, no te gusta que te asedien las cámaras, y luego diles que sólo has venido para apoyar una buena causa y todo eso, ¿lo entiendes? Dime, ¿lo has entendido? Si, hombre, no te preocupes, con un poco de suerte prepararé el camino para un reportaje. Exacto, muy bien, recuerda que tienes que decir que sólo sois buenos amigos, sin dar nombres, ya te darán ellos los nombres. Y alguien me pisa y grito de dolor, pero nadie se disculpa. Nado entre la gente. La mezcla de perfumes caros produce una atmósfera densa, casi se puede mascar. Todo el mundo ríe. Todo el mundo tiene la boca abierta y parece feliz. Un camarero me ofrece un canapé, pero ya no tengo hambre. El muy cretino vendió las fotos en donde ella aparece desnuda. Bueno, los negocios son así. Codazos, toses, miradas de reojo. Si me ofrecieran un programa de televisión... eso es cuanto pido, dime, ¿es mucho pedir? Yo sería un presentador cojonudo. Esta fiesta la verdad es que tiene muy poca calidad, los aperitivos son escasos y el aire acondicionado no es lo suficientemente potente. Yo estoy sudando, es horrible, con lo feo que queda presentarte en un sitio con sudor en la frente. Un dineral, eso de no poder ponerte dos veces el mismo traje por si alguien te hace una foto y lo descubre, una auténtica ruina. Por fin llego junto a uno de los ventanales. Ahora sólo tengo que desplazarme hacia la derecha y encontraré la salida. O eso espero. Es una pesadilla. Un foco, luz cegadora, entrevistan a alguien que dice que siempre ha estado muy preocupado con el problema de los niños, muy preocupado, dice, y cuando se apaga el foco le pregunta a su amigo qué es lo que le pasa a los niños. Algunas cámaras corren de un lado a otro. ¿A quién le apetece un canapé cuando tiene la oportunidad de salir en la tele? El foco se enciende y se apaga, aquí y allá. La gente sigue su recorrido, de reojo, como indiferentes, pero procuran acercarse a esa cámara que corre despavorida por el salón. No encuentro la salida. Les miro y les veo sonreír, algunos se carcajean con estruendo. Rostros de aparente felicidad. Copas de colores en sus manos. Me arrastro junto a los ventanales. Un escalón casi me hace caer, estoy cerca. Miro al suelo. Veo una alfombra roja y la sigo hasta que siento el aire fresco de la noche golpearme en la cara. El autor: Miguel Sanfeliu (Santa Cruz de Tenerife, 1962). Reside en Valencia. Ha publicado en diversas revistas y libros colectivos. Es autor del libro de relatos ilustrado “Anónimos” (Editorial Traspiés – Colección Vagamundos). De Sanfeliú ha dicho Care Santos: “Es un narrador que sorprende a su lector con giros inesperados, que bebe de fuentes poéticas para ofrecer imágenes estupendas y que ahonda en los terrores del ser humano con frialdad de cirujano. “. Elogios más que suficientes para poner a Sanfeliú en el punto de mira de nuestra actividad lectora. Es, como él mismo se define como un escritor casi inédito que va dejando de serlo. Blog: “Cierta Distancia”. Sección coordinada por Carolina Molina.
|