Me he despertado envuelta en sudor a las dos y pico. Otras noches me despierto más tarde, cuando ya no pasa ni un coche por la calle y hay un silencio casi rural que me da miedo quizás porque nací al borde de una carretera con tráfico constante. He ido a la cocina a beber agua. En cuanto doy la luz del pasillo miro al suelo, por si hay alguna cucaracha. No sería la primera vez, y me parecería un nuevo mal augurio. Afortunadamente el camino está despejado. Antes me gustaba ir descalza por la casa, pero ahora no me atrevo. Dejo correr un rato el agua mientras sostengo la copa en aire. Detrás del grifo, sobre el borde del fregadero y contra la pared está mi taza grande de desayuno. Está llena de agua y por arriba asoman cuatro cuentagotas de goma de cuatro frasquitos de cristal esmerilado que están encajados dentro de la taza. Por arriba los cuentagotas son de goma rosa. Parecen cuatro deditos. Deditos llamaba mi hermana a los percebes cuando éramos pequeñas. Es curioso, la goma de los cuentagotas tiene ese mismo color rosado de la carne de los percebes. Los frasquitos han rondado meses por la cocina, en concreto en el frutero junto a una granada enorme durante las últimas semanas. Los compramos mi hermana y yo en una farmacia, dos para ella y dos para mí. Las flores de Bach ya estaban pasadas de moda pero creo que nos gustaron los frasquitos. Yo bromeé con la farmacéutica porque me parecía necesitar las 29 variedades, pero la farmacéutica me aconsejó no mezclar más de dos. Mi madre los ha vaciado por el fregadero y los ha puesto a remojo para desprender las etiquetas. Le habrá dado pena tirarlos a la basura y los guardará en la despensa junto a otros objetos del todo inútiles. Para mí elegí olmo y roble, contra la melancolía y para hacerme más fuerte. Mi hermana eligió el olivo y otra cosa para ahuyentar los miedos. No recuerdo qué flor de Bach servía para los miedos. Yo tomé las gotas dos o tres días. Los frasquitos de mi hermana se quedaron sin abrir. Cuando los cogimos del expositor de la farmacia a mi hermana se le cayó uno al suelo y se hizo añicos. La farmacéutica dijo que no importaba, que pasaba muchas veces, pero que de ése que se había roto no había otro igual. Mi hermana entonces eligió el de los miedos. Me miró con una mirada que se había inventado para sus últimos días de vida, y no pude aguantar dentro las lágrimas. Me he bebido dos copas de agua y he vuelto a la cama. Mi hermana murió hace seis meses. Recuerdo que el día de las flores de Bach mi hermana también me compró un contorno de ojos de Chanel especial para ojeras y párpados congestionados que me ha durado hasta hace poco. Sacaba la tarjeta de crédito con una alegría inusual en ella. Y no sé si para consolarme, o si lo dijo en serio, dijo que en cuanto se pusiese buena pensaba divorciarse. He puesto la radio mientras me vuelve el sueño. Ponen música de películas de John Huston. Creo que mi madre ha hecho bien reciclando esos frasquitos, porque yo no habría sabido qué hacer con ellos. He visto que la granada sigue luciendo sana en el fondo del frutero. La autora: Cristina Grande Cristina Grande pasó toda su infancia en Haro, La Rioja, donde empezó sus estudios musicales. Estudió Filología Inglesa y Cinematografía en la Universidad de Zaragoza, donde tuvo como profesor al director de cine y escritor Joaquín Jordá, y estudió Fotografía con Pedro Avellaned en la Galería Spectrum de Zaragoza, ciudad en la que vive. Ha fotografiado a escritores (para Editorial Anagrama, Mira o Xordica) como Ignacio Martínez de Pisón, Javier Tomeo, Miguel Mena, Mariano Gistaín, José Antonio Labordeta, Ángela Labordeta, Ismael Grasa, Félix Romeo, Daniel Gascón, José Luis Melero Rivas, Ánchel Conte o Antón Castro. Es columnista de Heraldo de Aragón. Ha publicado tres obras, dos libros de relatos (La novia parapente (ed. Xordica) y Dirección noche (ed. Xordica), con el que fue finalista del Premio Setenil 2006) y una novela, Naturaleza infiel (ed. RBA), que ha cosechado elogios de la crítica. Esta tercera obra se tradujo a varias lenguas y su autora fue nombrada Nuevo Talento Fnac. Cristina Grande también ha participado en numerosas obras colectivas como Zaragoza de la Z a la A, Los Monegros, El reino de las luces, Éxitos secretos, Canfranc o Elegías íntimas. Instantáneas de cineastas. Sección coordinada por Carolina Molina.
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