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por Redacción - 25-07-10 01:42 - 1 comentarios

Al escribir uno vive vidas que no vive

Entrevista: Silvia Andrés y Rafael Manrique

    Entrevista de José Cruz Cabrerizo
    
    Silvia Andrés y Rafael Manrique son los autores al alimón del libro de relatos “Diecinueve rayas”, publicado por Milrazones, editorial que pese a no tener en su punto de mira a la literatura como objetivo prioritario, inicia su incursión en este terreno con la obra citada.
    
    El lector encontrará un conjunto de diecinueve historias que asombrosamente comienzan de la misma manera, obedecen a un único tipo de narrador, y parten de la raya como eje central o excusa narrativa: desde la raya de los pantalones hasta las rayas que pinta una artista en una ciudad alemana que acoge una feria de vanguardias artísticas. Todo un ejemplo de inventiva literaria.
    
    
    -El Heraldo del Henares: En la contraportada se nos ofrece el amplísimo currículum de Rafael Manrique, especialista en siquiatría. De Silvia Andrés solo se dice “Vive y trabaja en Barcelona”. Es raro que un/a escritor/a no quiera darse a conocer. ¿Existe alguna razón psicológica para eso, según Rafael Manrique?
    
    Rafael Manrique: En realidad, eso habla de dos posiciones respecto a lo literario. Para algunas personas, uno ha de enfrentarse el texto de forma desnuda, pura, salvaje, sin referentes. Ese es el caso de Silvia, que considera que no había más que decir acerca de ella.
    
    Mi criterio va en la dirección opuesta. Creo que los referentes del autor y de su mundo ayudan a descubrir matices, ideas y sentimientos en un texto.
    En definitiva, una posición más literaria y otra más psicológica.
    
    -E. H. H.: Y Silvia Andrés, ¿qué dice al respecto?
    
    Silvia Andrés: Cuando a una escritora novel su editor le pide una biobliografía puede echar mano de la imaginación y redactar unas cuantas líneas sobre aspectos de su vida o de su personalidad lo suficientemente atractivos como para paliar el hecho de que carece de biobibliografia; o bien considerar que la del coautor es tan vasta que suple la propia. Desde la publicación del libro, este aspecto –la escasez de datos sobre mi persona-, ha generado sorpresa, curiosidad e incluso incomprensión, lo cual no es necesariamente malo.
    
    
    -E.H.H.: Abundando un poco más en cuestiones psíquicas: dada la avalancha de letra impresa, ¿cabría pensar que todo aquel que escribe y además pretende publicar vive en una realidad paralela?
    
    R.M.: No, no creo que se viva en una realidad paralela. Escribir supone siempre una realidad actual que ocupa espacio y tiempo. Más bien lo calificaría de realidad virtual, en el sentido de que al escribir uno vive vidas que no vive pero que sí vive al mismo tiempo. Y también escribir supone la exhibición de una insatisfacción. Si uno fuera feliz, no escribiría.
    
    S.A.: El que escribe lo hace por muchos motivos, pero estoy de acuerdo con Rafael, responde casi siempre si no a una infelicidad sí a una carencia. El escritor que además quiere publicar tiene algo de loco. En nuestro caso tuvimos mucha suerte en poder publicar este libro que difícilmente encajaba en las principales líneas editoriales. Así que supongo que somos unos locos infelices. O unos infelizmente locos.
    
    -E.H.H.: La pregunta es obligada: ¿Cómo y cuándo se inician respectivamente en la escritura literaria?
    
    R.M.: Por mi parte había escrito varios libros de ensayo, de tipo profesional. Y uno de viajes sobre el desierto ya más literario, poético si se quiere. Diecinueve rayas se plantea como literario y ensayístico, y la mezcla me pareció muy interesante.
    
    S.A.: La escritura es una vieja compañera; me resulta difícil ubicarla en un tiempo concreto. Sin embargo, hasta que no iniciamos la escritura de Diecinueve rayas no me planteé la posibilidad intentar publicar. Es decir, la infelicidad –o carencia- es antigua; la locura es novedosa.
    
    -E. H. H.: Y lo siguiente es cómo coincidieron en querer escribir Diecinueve rayas.
    
    R. M.: Nos conocimos en un viaje al Sahara argelino. La propuesta vino de Silvia: Había visto la película Los tres entierros de Melquíades Estrada. En ella, los viajeros del norte rumbo al sur tropiezan con los que abandonan el sur camino al norte; se encuentran en tierra de nadie, en un poro, una fisura de una frontera construida para impedir la fluidez del movimiento.
    
    Fue ahí donde apareció un atisbo de lo que después sería una obsesión: las rayas. A poco que uno empiece a buscar, las encuentra en multitud de espacios y tiempos. Es posible rastrearlas hasta en las pinturas prehistóricas. Como si fueran un compañero de viaje de los seres humanos. Luego me habló de Cormac McCarthy y su Trilogía de la frontera.
    
    Un batiburrillo en el que el término raya aparecía de forma recurrente. Parecía un concepto interesante al que decidimos prestar oído. Ella hablaba de literatura, de emociones. A mí se me ocurrían ideas abstractas. A ella le gustaban mis ideas; a mí, las suyas. Así empezamos con la raya del hotel OMM. Salíamos de allí el día que decidimos trabajar en la idea.
    
    
    -E.H.H.: ¿Cuál fue el proceso? ¿Rafael puso el conocimiento de los tipos humanos y sus aspectos más llamativos y Silvia escribió?
    
    R.M.: No, no fue así. Planeamos juntos un amplio número de “rayas” que no fueran obvias, que nos gustaran y que tuvieran la capacidad de iluminar algo acerca de la naturaleza humana. Luego las distribuimos y cada uno redactó un borrador que después pasó al otro. Aunque parezca políticamente correcto, ha sido un trabajo conjunto. Si bien algunas de las más precisas y hermosas descripciones pertenecen a Silvia.
    
    S.A.: Parafraseando a Whitman, y disculpen la herejía, yo diría que no somos ninguno de los personajes pero todos están en nosotros.
    
    -E.H.H.: Siendo cualquier acto de creación algo tan íntimo, cabe pensar que sí que hay que estar un poco majareta para acometer una empresa compartida. ¿Terminaron tirándose los trastos a la cabeza?
    
    R.M.: Pues, aunque siga pareciendo un cuanto de hadas, ha sido fácil y apenas sin problemas. Supongo que vivir en diferentes ciudades y juntarnos solo de vez en cuando para compartir el trabajo ha ayudado. La convivencia mata, también en literatura.
    
    S.A.: Creo que la vecindad o la distancia no tienen que ver en la forma en que se desarrolló la obra, que, como bien dice Rafa, transcurrió sin apenas problemas. El formato del libro nos permitió trabajar de forma bastante autónoma, esa, a mi entender, es la clave para escribir un libro a cuatro manos sin que las manos agarren la garganta ajena.
    
    -E.H.H.: Es difícil imaginar por qué escogen el tema de las rayas como guía e hilo argumental.
    
    R.M.: Una vez obtenido el concepto inicial a través de la conversación y haberlo aplicado a la primera raya que describimos, la del hotel OMM de Barcelona, surgió fácil la estructura de todas ellas: Cuatro o cinco personajes que aunque están juntos no interaccionan entre sí, una descripción inicial “cinematográfica”, una única oportunidad de hablar para cada uno de ellos, la exposición de un pensamiento interior a veces caótico y la ausencia de moralismo o juicio alguno fueron las claves.
    
    Por cierto, que estas las hemos leído en la crítica que usted escribió (1). No fueron pensadas así… salieron. Y hay que señalar que establecer rayas como acto específicamente humano se vincula con conceptos tales como “frontera”, pliegue” o “límite”, que están en la base de nuestra especificidad humana.
    
    -E.H.H.: El relato que perdura en mi memoria con más firmeza es “Las rayas del código de barras”, donde una dependienta joven intenta ligar con un hombre maduro en presencia de su hija joven. En el libro se pasa revista a hechos históricos, prácticas sociales actuales, las vanguardias artísticas… Pero en el ambiente siempre flota una sensación de soledad.
    
    R.M.: Algún relato está basado en algo que ocurrió, si bien ha sido narrado de forma diferente; la literatura no es periodismo; otros son completamente inventados. Soledad… Pues eso, con ser totalmente verdad, nadie, que yo recuerde, lo ha mencionado, y no estaba en nuestra intención consciente el hacerlo así.
    
    Pero es lógico que haya salido, ya que la soledad, junto con el miedo, permean y mueven toda la experiencia humana. Y el libro explora esa experiencia en situaciones “micro”, es decir, en situaciones cotidianas, normales, domésticas, pero raras; sencillas, aunque algunas ocurran en ambientes “grandes”, como la creación de un país o una gran feria de arte.
    
    S.A.: Es posible que en todos ellos flote una sensación de soledad, aunque creo que no es la única. Algunos textos destilan una cierta sensación de desconcierto, desapego, deseo de pertenencia, incertidumbre…
    
    -E.H.H.: Lo de seguir un patrón único para iniciar cada relato, un mismo tipo de narrador (o un mismo narrador, porque no olvidemos que de vez en cuando incluyen alguna cita o incluso un poema), es algo fuera de lo común y arriesgado.
    
    R.M.: Quisimos seguir un mismo patrón, aunque solo con el tiempo y la crítica hemos comprendido bien en qué consistía.
    
    Utilizar la misma estructura tenía el riesgo de hacerla repetitiva y pesado, pero también daba una coherencia y una unidad a los relatos que podía hacer, si acertábamos, que el lector tuviera la impresión de estar asistiendo a diversas versiones de una misma realidad, que tuviera la sensación de estar comprendiendo cómo somos las personas.
    
    S.A.: Arriesgado y dificultoso, pero ese límite autoimpuesto –y no me refiero tan solo al formato, si no también al lenguaje, la sintaxis…- resultó al mismo tiempo muy fértil. No me refiero al resultado, si no al proceso de escritura.
    
    
    -E.H.H.: Una raya siempre traza dos lados y, en este libro, en cada relato se desarrollan tantos puntos de vista como protagonistas hay. ¿Cuál es su punto de vista en torno al panorama literario actual?
    
    R.M.: En general me conmueve poco comparado con las narrativas de hace unos años. Escritores como, por ejemplo, Muller, Coetzee o Cormick me gustan mucho, pero creo que en muchas áreas de la creación artística y literaria se vive el mismo momento de desconcierto en el que vivimos todos, y no se están encontrando, aún, buenas formas expresión, salvo quizá en el cine. Todo intento artístico puede ser respetable, pero no todo es interesante.
    
    S.A.: Creo que sí hay propuestas literarias interesantes, el problema es cómo dar con ellas ya que muchas veces son, a su pesar, invisibles. Conseguir publicar es un gran logro, o un golpe de suerte, pero alcanzar la visibilidad es casi una quimera.
    
    
    -E.H.H.: Han publicado en una editorial pequeña e independiente. ¿Qué camino recorrió el libro hasta hacerlo suyo en la editorial “Milrazones”? ¿Llegó hasta aquí después de otras negativas o fue la primera puerta a la que llamaron?
    
    R.M.: No tuvimos tiempo de que nos mandaran esas cartas estereotipadas de rechazo: “Nos ha gustado mucho su obra, pero lamentamos…”. Blablaba. A Jesús Ortíz, de Milrazones, le contactamos nada más acabar, sin conocerle, y nos dijo que le había gustado y que lo publicaba. Era un libro para una editorial así.
    
    -E.H.H.: Aparte del goce, de la recreación estética del lector, ¿qué se propone esta obra?
    
    R.M.: Nada. Ninguna obra que merezca la pena –al margen de que esta lo merezca o no- puede proponerse nada. Si algo consigue es como “efecto colateral”. Uno escribe porque lo desea, porque lo necesita; acerca de lo que le gusta, de lo que sospecha, de lo que teme, de lo que ama, de lo que desea … y si eso perturba, conmueve o gusta a alguien… eso es literatura.
    
    
    -E.H.H.: La literatura no cambia el mundo, pero ¿cuál sería el ideal que debe perseguir toda obra literaria?
    
    R.M.: No es verdad que la literatura no cambie el mundo. Favorece ese cambio. Puede contribuir como lo hacen otras producciones artísticas, como lo hizo el arte Románico o el Barroco. Creo que Shakespeare ha producido más cambios en lo humano -y más duraderos- que muchos políticos, militares o estadistas.
    
    S.A.: No creo que exista un único ideal que perseguir. Si es que el hecho de escribir implica perseguir un ideal. Pienso que hay obras literarias que, por si mismas o por el talento de quién las escribió, alcanzan una excelencia que otras obras no consiguen.
    
    
    -E.H.H.: En cualquier caso, ¿hay demasiada evasión y poca literatura para pensar?
    
    R.M.: Sí, pero porque no se lee casi nada ya. Hay buenas obras de ensayo, buenas obras literarias, pero no se leen. ¿Quién lee a los clásicos de la literatura, excepto los estudiantes de filología y, a veces, por obligación? No se lee y por eso se publica poco, y lo que se edita con frecuencia no es rentable. Malos momentos para la lírica, para la prosa. Algo mejores para todo lo visual.
    
    S.A.: Tal vez. Pero me pregunto si evasión y pensamiento son conceptos literariamente incompatibles.
    
    -E.H.H.: El escritor Juan Palomo: “yo me lo guiso yo me lo como”. Autores obligados, por ejemplo, a saltar y rebotar en las redes sociales para hacer visible su producto, lo que desde luego no ha sido el caso de ustedes dos. ¿Vender es la parte más desagradable?
    
    R.M.: No, no es lo más desagradable, pero sí lo más desconcertante. Los autores podemos saber escribir, podemos tener ideas, pero no sabemos vender o promocionar. A veces ni siquiera lo editores saben, y hay un gran componente de suerte.
    
    Por otra parte, los medios de comunicación a veces seleccionan bobadas y otras ignoran obras interesantes. Es demasiado azaroso o demasiado comercial. Ya me gustaría saber cómo se hace para vender millones de ejemplares.
    
    S.A.: Hum… vender literalmente, hemos vendido más bien poco. Lo que me resulta más extraño es el hecho de “promocionar” una obra, de la necesidad de hacer del autor un producto por si mismo, y presentarlo de una forma lo suficientemente atractiva como para que un lector se acerque a su obra. La obra por si misma difícilmente llega a un lector.
    
    
    -E.H.H.: ¿Han hecho “cruz y raya” o tienen algún nuevo proyecto editorial a la vista?
    
    R.M.: Seguimos trabajando. Por mi parte tengo proyectos en el terreno del ensayo, pero también escribiremos juntos. Ya estamos haciéndolo.
    
    S: Trabajamos en un proyecto conjunto que no nos ha llevado de momento a la raya –quizás en ocasiones a la cruz-. Como dice Rafa, siempre bordeamos la catástrofe. Pero continuamos juntos.
    
    -E.H.H.: Entonces su fórmula de escritura cooperativa tiene cuerda para rato.
    
    R.M.: Quizá el método seguro de Diecinueve rayas se aplica solo a un texto de esas características. Otras escrituras en común habrán de ser distintas. Creo que las obras cooperativas han de tener un método diferente para cada trabajo.
    
    S.A.: Hágame esta pregunta el año próximo. Entonces tendré la respuesta.
    
    -E.H.H.: ¿Hay algo que les gustaría añadir a todo lo anterior?
    
    R: Me gustaría decir algo en contra de las campañas de lectura, especialmente aquellas para jóvenes. No se promociona la lectura con campañas como si fuera un producto comercial. Nadie sabe cómo se genera el amor por los libros, aunque seamos seres que adoramos las historias. Pero es seguro que no es como las hacen los ministerios o instituciones.
    
    En la imagen, Silvia Andrés y Rafael Manrique, en el desierto.
    
    

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Comentario

Comentarios de los Lectores

[27-07-10 19:41] - Nombre: jesús - Valoracion:10
me parece que seguir un patrón único para hacer relatos es algo que solo se puede permitir quien luego tenga contenido de calado suficiente para diferenciarlos. En esta colección de relatos lo hay, uno no tiene la sensación de repetir nada, sino de ver distintos aspectos de la vida de todos... muy bien la entrevista, porque hace decir cosas